Angelus Papa Francisco – Domingo 3 de Septiembre

Sólo la paradoja de Cristo da sentido y felicidad a la vida

Jesús nos recuerda que su vía es la vía del amor, y no hay verdadero amor sin el sacrificio de sí. Estamos llamados a no dejarnos absorber por la visión de este mundo, sino a ser siempremás conscientes de la necesidad y de la fatiga para nosotros cristianos de caminar contra corriente y en salida”, lo dijo el Papa Francisco antes de rezar la oración mariana del Ángelus del primer domingo de septiembre.

 

En su alocución del Vigésimo Segundo Domingo del Tiempo Ordinario, el Santo Padre retomó el pasaje del Evangelio de Mateo (Mt 16,21-27) en el que se narra la confesión de Pedro, la “roca”, dijo el Papa, sobre la cual Jesús quiere construir su Iglesia. “Hoy, en fuerte contraste – agregó el Pontífice – Mateo nos muestra la reacción del mismo Pedro cuando Jesús revela a sus discípulos que en Jerusalén deberá sufrir, ser asesinado y resucitar”. La reacción y las palabras de Pedro son contestadas por el Maestro, señaló el Papa, y aquel que un momento antes, era una “piedra” sólida para que Jesús pudiera construir sobre ella su comunidad, enseguida se convierte en un obstáculo, una piedra de obstáculo en el camino del Mesías.

 

El Maestro dirigiéndose a todos aquellos que lo seguían, subrayó el Pontífice, presenta con claridad la vía a seguir: «El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga». “Siempre, incluso hoy – afirmó el Obispo de Roma – la tentación es aquella de querer seguir a un Cristo sin cruz, es más, de enseñar a Dios el camino justo. Pero Jesús – precisó el Papa – nos recuerda que su vía es la vía del amor, y no hay verdadero amor sin el sacrificio de sí”.

 

Pero la propuesta de Jesús no se queda ahí, el Maestro, agregó el Santo Padre, completa su propuesta con palabras que expresan sabiduría y desafían la mentalidad y los comportamientos egocéntricos: «Él que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará». “En esta paradoja – señaló el Papa Francisco – está contenida la regla de oro que Dios ha inscrito en la naturaleza humana creada en Cristo: la regla que sólo el amor da sentido y felicidad a la vida”.