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  • Noticias del Papa

    • 24
      December
      El Papa a la curia: ante escándalos en la Iglesia, la luz es más fuerte que las tinieblas

      Esta mañana, en su tradicional alocución a la Curia romana, el Papa recuerda el tema de los escándalos en la Iglesia, como el de los abusos contra los niños, pero también recuerda a los numerosos mártires, a los nuevos santos y que la luz es más fuerte que las tinieblas.

      Desde el inicio de su discurso a la Curia Romana, el Papa centró sus palabras en subrayar que “la Navidad demuestra que los graves males cometidos por algunos nunca pueden eclipsar todo el bien que la Iglesia hace libremente en el mundo”, porque la Navidad lo recuerda, cada año, que la luz de Dios seguirá brillando “a pesar de nuestra miseria humana” y que “todos los pecados, las caídas y el mal cometidos por algunos hijos de la Iglesia no oscurecerán nunca la belleza de su rostro” demuestran que su fuerza está en Jesucristo, Salvador del mundo.

      “En el mundo turbulento, este año la barca de la Iglesia ha vivido y sigue viviendo tiempos difíciles”, golpeada por tormentas y huracanes: algunos han perdido la fe en ella y han empezado a abandonarla, otros “por miedo, por interés, por motivos ulteriores, han intentado golpear su cuerpo aumentando sus heridas; otros no ocultan su satisfacción al verla sacudida”.

      Muchos, sin embargo, siguen aferrados a la certeza de que “las puertas del infierno no prevalecerán contra él”; de hecho, ningún acto humano puede impedir que la aurora de la luz divina renazca en el corazón de los hombres. El comienzo y el final del discurso del Papa Francisco son el marco de su reflexión sobre la vida de la Iglesia este año.

      Erradicar el mal de los abusos

      En su discurso, el Papa se centra en las dificultades internas que “siguen siendo las más dolorosas y destructivas”. Este año, Francisco reflexiona mucho sobre el tema del abuso sexual de niños por parte de miembros del clero, pero también sobre el tema de la conciencia y el poder.

      Desde hace varios años -recuerda- la Iglesia está seriamente comprometida en “erradicar el mal de los abusos”, que claman al Señor, que no olvida nunca el sufrimiento de muchos menores a causa de los clérigos y de las personas consagradas.

      “La Iglesia, promete, hará todo lo necesario para llevar ante la justicia a los que han cometido abusos porque aún hoy, como le sucedió al rey David, hay “ungidos del Señor” que abusan aprovechándose de su poder y realizan “abominaciones” y continúan ejerciendo su ministerio como si nada estuviera mal, por lo que desgarran el cuerpo de la Iglesia causando escándalos. Y “a menudo -nota- detrás de su comedida amabilidad” y “rostro angelical” esconden, sin vergüenza, a un lobo atroz. La Iglesia es también “víctima de esta infidelidad” y de “estos verdaderos y propios delitos de peculado”. El Papa. En este contexto, recuerda el pasaje bíblico del rey David. “El rey descuida su relación con Dios, infringe los mandamientos divinos, daña su propia integridad moral sin siquiera sentirse culpable. El ungido seguía ejerciendo su misión como si nada hubiera pasado. Lo único que le importaba era salvaguardar su imagen y su apariencia”.

      Un rey acomodado no cae en la cuenta que la corrupción se ha apoderado de él. Esta constatación la convierte el Papa en exigencia. Exigencia para enfrentar las propias responsabilidades con la justicia civil y con Dios y con la propia conversión personal.

      La luz de Dios sigue brillando

      El Papa insiste en los muchos sacerdotes, religiosos y religiosas que trabajan haciendo el bien en el mundo. Los mártires dan testimonio de sus vidas y compromiso con su pueblo. Igualmente, el papa, agradeció a quienes trabajan en los medios de comunicación, que “han sido honestos y objetivos”, mostrando los casos, porque es más escandaloso encubrir la verdad.

      El Papa nos invita a tener ánimo y esperanza en medio de la tormenta, de las tribulaciones: “La Navidad nos da cada año la certeza de que la luz de Dios seguirá brillando a pesar de nuestra miseria humana; la certeza de que la Iglesia saldrá de estas tribulaciones aún más bella, purificada y espléndida”. La seguridad no viene de nosotros, “sino que está sobre todo en Cristo Jesús, Salvador del mundo y Luz del universo, que la ama y dio su vida por ella”.

    • 14
      December
      El Papa: Hermano latinoamericano, canta y camina sin miedo como lo hizo tu Madre

      En su homilía en la Santa Misa dedicada a la Patrona de América Latina, la Virgen de Guadalupe, el Papa nos dice que María nos enseña que, en el arte de la misión y de la esperanza, no son necesarias tantas palabras ni programas, su método es muy simple: caminó y cantó.

      Y es que como dijo Francisco, María, más que nadie sabía de cercanías. Es mujer que camina con delicadeza y ternura de madre, se hace hospedar en la vida familiar, desata uno que otro nudo de los tantos entuertos que logramos generar, y nos enseña a permanecer de pie en medio de las tormentas. Caminó al Tepeyac para acompañar a Juan Diego y sigue caminando el Continente cuando, por medio de una imagen o estampita, de una vela o de una medalla, de un rosario o Ave María, entra en una casa, en la celda de una cárcel, en la sala de un hospital, en un asilo de ancianos, en una escuela, en una clínica de rehabilitación … para decir:

      «¿No estoy aquí yo, que soy tu madre?» (Nican Mopohua, 119). En la escuela de María aprendemos a estar en camino para llegar allí donde tenemos que estar: al pie y de pie ante tantas vidas que han perdido o le han robado la esperanza. En la escuela de

      María, afirma el Papa, aprendemos a caminar el barrio y la ciudad no con zapatillas de soluciones mágicas, respuestas instantáneas y efectos inmediatos; no a fuerza de promesas fantásticas de un pseudo-progreso que, poco a poco, lo único que logra es usurpar identidades culturales y familiares, y vaciar de ese tejido vital que ha sostenido a nuestros pueblos, y esto con la intención pretenciosa de establecer un pensamiento único y uniforme.

      La riqueza multicultural de América Latina

      En la escuela de María aprendemos a caminar la ciudad y nos nutrimos el corazón con la riqueza multicultural que habita el Continente; cuando somos capaces de escuchar ese corazón recóndito que palpita en nuestros pueblos y que custodia el sentido de Dios y de su trascendencia, la sacralidad de la vida, el respeto por la creación, los lazos de la solidaridad, la alegría del arte del buen vivir y la capacidad de ser feliz y hacer fiesta sin condiciones. Pero además como afirma el Papa, en la escuela de María aprendemos que su vida está marcada no por el protagonismo sino por la capacidad de hacer que los otros sean protagonistas. Brinda coraje, enseña a hablar y sobre todo anima a vivir la audacia de la fe y la esperanza.

      Ser solidarios

      “En María, el Señor desmiente la tentación de dar el protagonismo a la fuerza de la intimidación y del poder, al grito del más fuerte o del hacerse valer en base a la mentira y a la manipulación. Con María, el Señor custodia a los creyentes para que no se les endurezca el corazón y puedan conocer constantemente la renovada y renovadora fuerza de la solidaridad, capaz de escuchar el latir de Dios en el corazón de los hombres y mujeres de nuestros pueblos”.

      María, «pedagoga del evangelio», dijo el Pontífice, caminó y cantó nuestro Continente y, así, la Guadalupana no es solamente recordada como indígena, española, hispana o afroamericana.

      Simplemente es latinoamericana: Madre de una tierra fecunda y generosa en la que todos, de una u otra manera, nos podemos encontrar desempeñando un papel protagónico en la construcción del Templo santo de la familia de Dios.

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